Los conflictos o desacuerdos en amistades y relaciones románticas son inevitables. Es la forma en que manejamos los conflictos lo que puede hacer o deshacer nuestras relaciones. La comunicación es una de las bases fundamentales para relaciones exitosas. Ya sean románticas o platónicas, saber cómo comunicarse puede ayudar con tus habilidades para resolver conflictos. A lo largo de esta lectura, descubrirás los hábitos comunes que te están impidiendo resolver los conflictos de manera efectiva y, lo más importante, cómo navegar adecuadamente los desacuerdos para que puedas cultivar relaciones duraderas.
Mecanismos de Defensa Comunes
Antes de adentrarnos en la forma correcta de resolver conflictos, vamos a descubrir algunos patrones de comunicación poco saludables que pueden estar dañando tus relaciones.
Defensividad
La defensividad puede manifestarse de muchas maneras diferentes, pero, en última instancia, es cuando una persona niega, desvía o justifica sus razones para comportarse de la manera en que lo hace. Tienden a percibir las críticas como ataques, lo que desencadena una respuesta defensiva. En estos momentos, su objetivo principal es la autoprotección, ya que sienten la necesidad de protegerse de sentimientos de vergüenza, culpa, inseguridad o tristeza. Esta reacción generalmente proviene de un miedo profundo a ser vistos como inadecuados, defectuosos o indignos. Cuando una persona se vuelve defensiva durante una discusión, es porque siente que su carácter, inteligencia o decisiones están siendo atacadas. Con el tiempo, este patrón defensivo ahoga el crecimiento, ya que desalienta el diálogo abierto, lo que termina dificultando que los demás expresen sus preocupaciones o u ofrezcan retroalimentación sin encontrar resistencia. Como resultado, los conflictos permanecen sin resolver y la comunicación significativa se vuelve cada vez más tensa.
Bloqueo Emocional (Stonewalling)
El bloqueo emocional ocurre cuando una persona se vuelve emocional o físicamente inaccesible durante un conflicto. Pueden apagarse, retirarse de la conversación o incluso abandonar el lugar para evitar abordar el problema. Este comportamiento a menudo proviene de la incapacidad de manejar emociones difíciles como la ira, la tristeza, el miedo o la culpa. Al sentirse abrumados y no saber cómo manejar la situación, eligen desconectarse por completo en lugar de trabajar en el conflicto. Esto puede dejar a la otra persona sintiéndose ignorada o rechazada. Mientras tanto, la persona que está bloqueando emocionalmente puede sentir alivio al evitar el conflicto, pero más tarde puede experimentar resentimiento o agotamiento emocional debido a la tensión no resuelta. Con el tiempo, este patrón crea una creciente división entre ambos, lo que hace que la conexión genuina y la resolución se vuelvan cada vez más difíciles.
Reactividad Emocional
La reactividad emocional es cuando una persona dice o actúa de manera extrema, dolorosa o impulsiva. En el caso de un conflicto o desacuerdo con otra persona, estas personas pueden estallar, gritar, llorar o tomar decisiones que alteran la vida. Estas personas reaccionan de maneras que parecen excesivas. Durante situaciones de estrés, en lugar de tomarse un momento para reflexionar y responder, terminan dejando que sus emociones los controlen y reaccionan de manera errática. Cuando alguien es emocionalmente reactivo, puede hacer que sus amigos o parejas románticas caminen sobre cáscaras de huevo, eviten plantear problemas o se sientan intimidados por las respuestas impredecibles de la persona.
Rompiendo Patrones de Comunicación Poco Saludables
La defensividad, el bloqueo emocional y la reactividad emocional son mecanismos de defensa comunes que pueden impedir una resolución efectiva de conflictos. Estos mecanismos a menudo se desarrollan desde la infancia, influenciados por los modelos a seguir que tenemos y los traumas que hemos experimentado. Sin embargo, es crucial reconocer que, aunque estos patrones de comunicación poco saludables se hayan formado en la infancia o bajo circunstancias fuera de nuestro control, como adultos tenemos el poder y la responsabilidad de transformar nuestro estilo de comunicación. Al volvernos más autoconscientes, asumir nuestra responsabilidad y practicar de manera intencional formas más saludables de resolver conflictos, podemos comenzar a liberarnos de estos patrones. Al liberarnos de ellos, seremos capaces de cultivar relaciones y amistades más saludables a largo plazo.
Tres 3 Consejos Claves para una Resolución de Conflictos Saludable:
Para comenzar a liberarnos de los mecanismos de defensa poco saludables, necesitamos reemplazar esos comportamientos por formas más saludables de comunicación. Tres maneras de resolver conflictos de manera efectiva son: escuchar activamente, usar declaraciones en primera persona (en lugar de declaraciones en segunda persona) y tomarse momentos para uno mismo para calmarse.
Escuchar Activamente
Escuchar activamente implica escuchar a la otra persona completamente sin interrumpir para defenderte. Se trata de permitirles expresar sus pensamientos y preocupaciones sin resistencia o reacciones defensivas. Durante la escucha activa, concéntrate en entender la perspectiva de la otra persona en lugar de planificar tu respuesta o defensa. Esto requiere calma y autorreflexión. Al principio, puede ser difícil resistir el impulso de defenderte mientras la otra persona habla. Sin embargo, con el tiempo, descubrirás que al dejar de lado la defensividad y escuchar de verdad, creas espacio para la autorreflexión. Esto te ayuda a encontrarte con la persona a mitad de camino, fomentando una comprensión mutua y una resolución de conflictos más fluida.
Usar Declaraciones en Primera Persona en Lugar de Declaraciones en Segunda Persona
Este tipo de comunicación te permite expresar tus sentimientos sin hacer que la otra persona se sienta culpable. Usualmente, cuando estamos en desacuerdo, tendemos a usar muchas declaraciones en segunda persona, como:
“No te importo.”
“Eres tan irrespetuoso.”
“Eres perezoso.”
Cuando hablamos de esta manera, parece que estamos atacando a la persona y su carácter, lo que hace que esa persona se sienta atacada, molesta y lista para defenderse en lugar de ofrecerte una disculpa o el consuelo que buscabas. Puedes comenzar a practicar cambiar estas declaraciones en segunda persona por declaraciones en primera persona, por ejemplo:
“Me siento herido/a cuando percibo falta de atención durante nuestras conversaciones.”
“Me siento irrespetado/a cuando me hablas de manera brusca.”
“Me siento frustrado/a cuando veo tareas o responsabilidades sin atender.”
Realizar este cambio en la forma de comunicarse requiere esfuerzo intencional y autoconciencia. Con el tiempo, al expresar tus preocupaciones usando "yo" en lugar de "tú", notarás cómo los desacuerdos se vuelven más tranquilos y cómo se facilita más tener tus preocupaciones escuchadas y tus necesidades satisfechas. Las personas tienden a responder más positivamente cuando no sienten que primero deben defender su carácter o integridad.
Calmarse
Durante los desacuerdos intensificados, puede desencadenarse nuestra respuesta de lucha o huida, lo que hace que algunas personas actúen impulsivamente. Este comportamiento impulsivo, combinado con el estrés de la situación, puede resultar en levantar la voz, volverse agresivo o decir cosas hirientes. Es cuando se vuelve esencial practicar dar un paso atrás y calmarse. En estos momentos, es importante comunicarle a la otra persona que necesitas un momento para ti. Retirarte físicamente del desacuerdo te permitirá pensar más claramente, lejos del estímulo que está activando tu respuesta de lucha o huida. Durante esta pausa, concéntrate en calmarte, respirar y reflexionar sobre la situación racionalmente. Una vez que te sientas más tranquilo/a, puedes regresar al conflicto con una mente más clara y un estilo de comunicación más tranquilo.
Esto es diferente del bloqueo emocional, que discutimos anteriormente. Tomarse un tiempo para calmarse implica explicarle a la otra persona que necesitas un momento para ti, y acordar un plazo razonable para volver y abordar el problema. El bloqueo emocional, por otro lado, generalmente implica una falta de comunicación, donde la persona se retira emocional o físicamente sin dar ninguna indicación de cuándo, o incluso si, volverá a la conversación.
Avanzando Hacia una Comunicación Más Saludable
Toda relación o amistad enfrentará conflictos en algún momento. Sin embargo, cuando se resuelven de manera saludable, los conflictos pueden, de hecho, ser una oportunidad para profundizar el vínculo. La próxima vez que te encuentres en un desacuerdo, presta atención al mecanismo de defensa con el que reaccionas de manera instintiva. Pregúntate si hay una forma diferente de abordar la situación. Al dejar atrás los mecanismos de defensa que desarrollamos en la infancia, abrimos la puerta a cultivar hábitos de comunicación más saludables, lo que facilita la resolución de conflictos. Escuchar activamente, usar declaraciones en primera persona y saber cuándo tomarse un momento para calmarse son tres estrategias claves para resolver conflictos de manera saludable, fortaleciendo tus relaciones y evitando que se rompan.