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A la mesa sin peleas

Published on martes, 27 de enero de 2015

A la mesa sin peleas

Dra. Ailema Frigueiro, de la Albizu Miami, comparte hallazgos de estudio sobre hábitos alimentarios de niños hispanos.

Por Camile Roldán Soto

Para cualquier hispano, repasar la niñez probablemente incluye encontrarse en torno a la mesa familiar con la figura de la abuela o la tía al frente, agarrando el cucharón de arroz y repitiendo: ¿quieres más? Es también darse cuenta de que antes de soltar la respuesta  el plato está lleno una vez más. 

Si esta escena es exagerada, seguramente tienes guardadas  otras imágenes de momentos familiares contextualizados en  rituales culinarios. Así es porque los hispanos, quizás más que otras culturas, relacionamos la alimentación  a la celebración y la socialización.  

Pensamos que alimentar bien al hijo o al nieto para que  se vea gordito, fuerte, hermoso y saludable, es  una consecuencia directa de comer lo que creemos es apropiado - les guste o no- y  en grandes cantidades. Alimentar es para los jefes de familia un asunto ligado al afecto, una manera de demostrar cuánto queremos y cuán bien cuidamos de los nuestros. 

“Para nosotros, la alimentación es parte del sentimiento de ser padres”, opina la doctora Ailema Friguerio, catedrática de la Universidad Carlos Albizu en el recinto de Miami. 

En su escrito Mamá, no quiero más: Looking ahead in the remediation of feeding disorders in hispanic infants, la psicóloga con práctica en niños, adolescentes y familias explora las consecuencias de esas actitudes culturales hacia la alimentación y presenta alternativas para enfrentarlas de una forma más saludable. 

La inquietud por abordar el tema surgió de su  trabajo con la población hispana en Estados Unidos, a través del cual palpó  de cerca los problemas dentro del seno familiar cuando los niños “no comen tanto, no comen tan bien o no comen cosas específicas” que sus progenitores desean.

Estas situaciones se dan en hogares donde los menores no padecen de condiciones de salud que ameriten preocupaciones acerca de su alimentación, es decir, no están bajo peso y mucho menos  desnutridos. Sin embargo, “los padres siguen frustrados, con ansiedad y una preocupación que capta el niño”. 

 Entre las consecuencias de este acercamiento al comer están niños igualmente frustrados y ansiosos, lo cual crea una especie de círculo vicioso que afecta la dinámica familiar y puede tener la secuela de situaciones más profundas. 

“Una de las cosas que puede pasar es que el menor se sienta dominado porque los padres le obligan a comer y querrá ser dominante en otras situaciones. No se sentirá competente o con dominio de su cuerpo  porque no tiene dominio sobre cuánto come o cuánto no debe comer y eso le frustra”, explica la doctora.

Como parte de las dinámicas en torno a la mesa, también es común en las familias hispanas utilizar la comida como premio. Esta práctica tampoco es recomendable, indica Friguerio, porque promueve un apego emocional a los alimentos como rescate en momentos cuando lo más recomendable sería conversar conun amigo o buscar otro tipo de ayudas para externalizar los sentimientos.   

Los profesionales de la salud podrían ser recursos valiosos para ayudar a los padres a manejar sus preocupaciones y propiciar que rompan el ciclo, pero de acuerdo a lo observado por la psicóloga, en su mayoría estos no están preparados para entender el contexto cultural para entender las dinámicas en las familias hispanas. Esta situación no contribuye a aliviar los sentimientos de los padres, quienes pueden sentirse ignorados y solos. 

“Hay una necesidad muy grande de que los profesionales de la salud en Estados Unidos entiendan a las familias hispanas y sus costumbres, y el impacto que estas tienen en la vida de los niños. Que no digan, sencillamente, eso no es nada, eso pasa, sino que tengan más compasión y puedan ofrecer alternativas que bajen la tensión”, asegura la autora del artículo publicado en European Scientific Journal.

A pesar de que la práctica de comer en familia tiene  beneficios, es importante que, según la doctora,  se consideren también  otros  momentos para  compartir que no estén vinculados a  la comida. De igual modo, se deben conseguir otros medios de demostrar cariño o  reconocimiento que no sean  recurrir siempre a comprar un helado o comer pizza. Algunas opciones son  dar las gracias, jugar con ellos su juego favorito, hacer alguna actividad o darles un abrazo.

La psicóloga también aconseja tratar de establecer los hábitos alimentarios de manera agradable y placentera.

 

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Author: Anonym

Categories: Campus, Miami Campus, , News

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